De pequeño, mi desayuno típico era un bocadillo de queso y un vaso de leche con cacao. Jamás se me pasó por la cabeza (y menos por la de mis queridos padres) cuestionar esa forma de empezar el día. Era el desayuno de “toda la vida”.

Aunque eso de “toda la vida” es muy cuestionable. Mucho me temo que desayunar es algo relativamente nuevo. En las sociedades cazadoras-recolectoras, primero se iba a por comida (cazar, recolectar) y después se comía. No empezabas ya tu día con la panza llena. Incluso más adelante, la gente que trabajaba en el campo, primero trabajaba en el campo y después desayunaba o almorzaba. En esta guía que puedes descargarte de forma gratuita ampliamos el tema.  

Es preocupante observar como nuestra gama de desayunos, a lo largo de la historia, se ha ido reduciendo a la simple tostada mañanera o a los granos de cereal (los copos de maíz y compañía ni los menciono porque del pobre cereal me temo que queda bien poco). Y nuestra cabecita no da para más.

Aunque a la mayoría le parezca impensable a la par que imposible, sí, hay alternativas al pan y a los cereales.

 

¿Y para qué hace falta una alternativa? ¿No está bien desayunar de este modo?

 

Mucho me temo que no, aunque durante años nos hayan hecho creer lo contrario y estos productos sigan ocupando un sitio de honor en la patética pirámide nutricional. Las razones son diversas:

  • Desde el punto de vida evolutivo, no nos hemos adaptado aún a comer las enormes cantidades de cereal que se ingieren hoy en día en sus diversas formas (pan, pastas, bollería, pizzas). Nuestro alimento ideal sigue siendo la fruta y la verdura y, de tanto en tanto, los productos animales de alta calidad. La introducción de la agricultura es paralela a la aparición de enfermedades relacionadas con la dieta como la hipertensión o la diabetes.
  • Los cereales y sus derivados aportan una gran cantidad de calorías en forma de hidratos de carbono que elevan rápidamente el nivel de azúcar en la sangre. No solo pondremos patas arriba el equilibrio hormonal encabezado por la insulina, sino que la sensación de hambre llegará mucho más rápido con el típico bajón de media mañana cuyo resultado es comer más. Y ya sabes en lo que se convierte el exceso de azúcar en sangre, ¿no? Exacto. En grasa.
  • Muchos cereales contienen antinutrientes que impiden o ralentizan la absorción de ciertos minerales además de dañar el intestino. Entre ellos tenemos, por ejemplo:

           – El ácido fítico: dificulta la absorción de hierro, calcio, zinc y magnesio.

          – El gluten: es una proteína presente en muchos cereales que favorece la inflamación y la enfermedad en personas intolerantes (dermatitis, dolor en las articulaciones, celiaquía).

  • El trigo ya no es lo que era. En los últimos cuarenta años la planta ha sido modificada de tal manera para adaptarse a la sequía, el calor o el frío que el trigo moderno no puede sobrevivir de forma silvestre: necesita la intervención humana para crecer.

 

¡Horror! Pero entonces, ¿qué como?

 

Gracias a nuestros viajes hemos compartido costumbres y desayunos con diferentes pueblos autóctonos.

Por ejemplo, durante nuestra estancia con los indios anishnabe en Canadá, tomábamos un café por la mañana y después se salía a pescar, se recogían arándanos, hojas y raíces por el camino y luego ya se encendía un fuego y se degustaba la pesca allí donde estuvieras, o se llevaba al campamento para compartir. Nunca hubiera imaginado que desayunar pescado me iba a parecer tan exquisito.

En Mongolia, el primer día, nada más llegar, nos pusieron para desayunar cordero con arroz. He de decir que estaba muy rico aunque me sentó como un tiro. A los pocos días me fui acostumbrando a comer cordero a cualquier hora del día.

Por no hablar ya de los inuit. Ni pan, ni fruta, ni verdura. Sopa de foca. ¡Ahí queda eso!

Pero no te preocupes, no te vamos a proponer sopa de foca para el desayuno. Aunque sí te vamos a pedir que tengas una mente abierta, que escuches a tu cuerpo y que hagas lo que hagas, lo disfrutes.

Ahí van las cinco propuestas.

 

#1. No desayunar

 Vaya, ya estaba contento por librarme de la sopa de foca y ahora resulta ¡que no se desayuna! 

A pesar de haber escuchado toda mi vida lo contrario, desayunar, o por lo menos, hacerlo tan temprano, siempre me ha parecido antinatural. ¿Quién tiene hambre a las 6 – 7h de la mañana? Aunque, ¡ojo!, si lo tienes, come.

Por otra parte, no hemos de olvidar que nuestro cuerpo lleva a cabo intensos procesos biológicos nocturnos, entre otros, el de depuración de desechos. Esta labor termina sobre las 11 de la mañana por lo que es aconsejable no sobrecargar el organismo con comida muy densa antes de esa hora.

Además, empezar el día en ayuno favorece la concentración, el aprendizaje y la memoria. A no ser que tengas un hambre voraz que te impida funcionar puedes hacer la prueba. Intenta trabajar antes y después de desayunar y notarás la diferencia en este sentido.

Pero una vez más, escucha tu cuerpo.

 

#2. Fruta

 

Las posibilidades que ofrece la fruta como desayuno son inmensas, especialmente en verano. La fruta es ligera, fácil de digerir (para la mayoría) y de asimilar. Su digestión no te demandará demasiada energía, la cual, podrás utilizar para otros menesteres.

Además, es un alimento vivo y una fuente esencial de nutrientes y de luz (biofotones).

Puedes picar de aquí y de allá o prepararte algo más elaborado como una macedonia con frutas de temporada, dependiendo del tiempo del que dispongas.

Para mayor saciedad puedes añadirle alguna grasa en forma de:

  • yogurt
  • leche de coco
  • semillas (chía, sésamo, cáñamo, lino…).

Para potenciar el sabor puedes añadir hierbas aromáticas frescas picadas muy finas para que liberen todas sus esencias: melisa, hierbabuena, menta, albahaca, romero o la que más te guste. 

 

#3. Huevos

 

El huevo es uno de los alimentos más completos que hay. Es una fuente de proteína muy completa, aporta gran cantidad de vitaminas (A,D,E,K, B2,B5, B11, B12) y minerales (fósforo, potasio, hierro, zinc, selenio).

Las posibilidades son grandes: huevo duro si tienes prisa, tarta de verduras (sin masa y que puedes preparar la noche anterior) o nuestra preferida: la tortilla de hierbas aromáticas  (perejil, albahaca, cebollino, cilantro) o silvestres comestibles (ortigas, llantén, ajo ursino, aliaria, diente de león…). Si además la cocinas con un buen aceite (coco, oliva) tendrás un desayuno muy nutritivo, completo y lleno de sabor.

Si tienes mucha hambre y una tortilla te parece poca cosa, puedes añadirle harina de coco y acompañarla de una ensalada a tu gusto (tomates, pepinos, aceitunas…).

Si eres vegetariano puedes sustituir el huevo por un aguacate maduro, que mezclarás también con las hierbas o con lo que te apetezca.

Empezar el día comiendo proteína, que en su estado natural siempre va asociada a una grasa, tiene la ventaja de que tiene una mayor capacidad saciante y permite un mejor control de la glucosa en la sangre.

Por el contrario, si empiezas el día con grandes cantidades de azúcar (pan, crema de chocolate, cereales azucarados, bollería, galletas…) ocurre lo que ya comentamos más arriba: baja el nivel de energía, se tiene hambre antes, se acaba comiendo más y el exceso de azúcar en el organismo se convierte en grasa.

 

#4. Omega 3

 

Si tienes la suerte de poder conseguir buen pescado, ¿por qué no incorporarlo como desayuno? Se hace muy rápido o se puede dejar hecho la noche anterior y acompañarlo con una buena ensalada. 

DSC_0014 salmon logo

 

#5. Batidos

Por último, el batido. Es rápido, socorrido y muy nutritivo. Tampoco se trata de echar de todo sin ton ni son. Menos es más y mejor para la digestión y la asimilación, por lo que utilizaremos solo cuatro ingredientes:

  • 1 fruta
  • 1 tipo de hoja verde al gusto: la clorofila es la clave para mantener los antojos de  dulce a raya.
  • líquido: agua, leche vegetal, agua de coco, infusión de la hierba que más te guste
  • 1 tipo de semilla o una cucharada de aceite (coco, lino, avellana…) para mayor aporte nutricional, saciedad y sabor.

De este modo tienes todos los nutrientes en un solo vaso y además está delicioso.

Pero recuerda que la escucha de lo que tu cuerpo te pide es primordial. Haz lo que te siente bien y con lo que te sientas a gusto y a tope de energía.

 

Ahora es tu turno

 

¿Has probado ya otras formas de desayunar?

¿Las compartes con nosotros?

¿Cual es tu desayuno preferido y el que mejor te sienta?

Un abrazo,

Bert

 

 

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Soy Bert Poffé, coautor del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y como solucionarlos”.

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