En estos tiempo que corren, ¿qué es lo primero que hacemos cuando necesitamos algo material?

Ir a una tienda: comida, bebida, ropa, zapatos, medicamentos, productos de higiene y objetos de todo tipo se pueden encontrar, aquí en Europa, sin ninguna dificultad. Y una vez comprado, la necesidad o el capricho quedan satisfechos.

¿Hay alguien que se pregunta de dónde viene todo lo que compramos?

¿Quién lo hace?

¿Cómo se hace?

¿Qué ingredientes o materias primas se utilizan?

Me temo que la respuesta de la mayoría a estas preguntas es no. Pero tampoco importa mucho, no hay tiempo para pensar. Mientras esté rico, huela bien y encima sea barato, las preguntas sobran.

De pequeña, pasaba las vacaciones de verano en un pequeño pueblito de Cantabria.

Viviendo en Madrid era nuestro único contacto con la vida campestre. Vacas, leche recién ordeñada, alimentos de la huerta a la mesa, zumo de limón recién cosechado, insectos de diversa índole, trepar por la higuera, recoger gusana para la pesca cuando bajaba la marea, plantas que picaban y plantas que aliviaban el escozor, compota de pera y de manzana…

Sin saber ni cómo ni porqué, la vida sencilla y conectada a la tierra nos producía felicidad, armonía y bienestar. De vuelta a la vorágine de la capital todo quedaba atrás, como si nunca hubiera existido. Sin embargo, las semillitas quedaron plantadas para germinar más adelante.

Hace años que empecé a plantearme seriamente todas las cuestiones expuestas y a introducir cambios de diversa índole. Pero si hubo una persona que jugó un papel decisivo en el cambio de rumbo de mi vida, esa fue sin duda la chamana anishnabe Louise Wawatie.

Fue ella quien me animó formarme en el estudio de las plantas medicinales y a la que dediqué un post en mi primer blog tras su falleciemiento hace 2 años. Os comparto un breve extracto del mismo:

Uno de los momentos más felices de mi vida fue aquel primer día que salimos juntas muy temprano y nos adentramos en el bosque. Recolectamos todo tipo de plantas medicinales, utilizadas desde siempre por los nativos anishnabe y me explicaste paciente sus aplicaciones tradicionales.

 

Curamos con ellas heridas e infecciones, purificamos el aire, sanamos dolencias varias, aliviamos picaduras de mosquito. Me mostraste cómo se extrae la savia del arce para hacer el famoso sirope, me enseñaste que su madera es la mejor para hacer flechas.

 

Deseaba que aquel momento no se desvaneciera, que tu voz no se extinguiera nunca y poder seguir escuchando tus cuentos y leyendas para siempre.  

Desde entonces se me hizo evidente el saber que se estaba perdiendo y con él nuestra libertad, que estábamos dejando nuestro poder en manos equivocadas.

El saber tradicional, tantas veces desdeñado y hasta ridiculizado, nos hace libres. Ahora solo sabemos comprar. No hay tiempo para más.

Esta toma de conciencia fue la que me llevó a aprender sobre plantas medicinales. Mi objetivo era:

  • sentir la libertad que te da ser capaz de preparar mis propios remedios,
  • recuperar la creatividad dormida por la falta de tiempo y de conciencia,
  • dejar de conformarme con lo que los supermercados y las farmaceúticas han decidido vendernos,
  • perpetuar el saber tradicional de nuestros ancestros y tomar el relevo de nuestros padres y abuelos. Evitar que ese saber se pierda es fundamental para preservar nuestra libertad y autosuficiencia.

Hasta un niño de cuatro años sabe ya quién es el señor google, qué es la pantalla azul de las caritas que sus padres consultan sin cesar o ese canal de videos tan entretenido en el que encontrar respuestas a todo lo que se necesita saber.

Pero ¿sabe qué hacer cuando se quema un dedito, se corta sin querer o le pica un mosquito? ¿Sabe que en su jardín o en el bosque hay comida gratis? Creo que no. Y no por falta de interés. A los niños les fascina la naturaleza y todavía la sienten muy cercana. Y a los adultos nos devuelve la paz cuando volvemos a reconectarnos con ella.

 

¿Para qué aprender sobre plantas medicinales?

 

Aprender sobre plantas medicinales es un derecho y un deber que te permitirá:

  • Cuidarte y cuidar a los tuyos: la dolencias leves son muy fáciles de tratar con plantas. Resfriados, dolor de garganta, heridas, dolor de barriga, quemaduras, cortes, picaduras, aftas, llagas, verrugas, etc.
  • Ser más creativo: cuando empiezas a trabajar con plantas y materias primas naturales descubres la infinidad de posibilidades, de texturas y de aromas. Y ya no puedes ni quieres parar de experimentar.
  • Ser más libre: la falta de conocimiento nos esclaviza. Hace que nos tengamos que conformar con lo que otros han decidido que compremos. Cuando tienes conocimiento sobre plantas medicinales tú decides. Tú sabes lo que te funciona, cómo prepararlo, cómo tomarlo.
  • Sentirte en armonía: cerrar la puerta de tu casa y de tu cuerpo a los químicos y productos sintéticos te lleva sí o sí por el camino de la armonía. Sientes cómo las plantas te están cuidando, curando o alimentando. A veces puede parecerte hasta mágico. Como aquella primera vez que me picó una ortiga y me alivié con hierbabuena. ¡Era magia! No. Era pura armonía.
  • Economizar: ¡créeme! Preparar tus propios productos con plantas es barato incluso empleando materias primas de alta calidad. Rápidamente te das cuenta de que no necesitas ni la mitad de lo que vienes utilizando hasta ahora y que con unos cuantos preparados tienes cubierto el cupo.
  • Rewilding: saber sobre plantas es indispensable para recuperar tu estado natural. Las plantas nos reequilibran, facilitan el funcionamiento óptimo de nuestro organismo y nos reconectan con la naturaleza.

Las plantas medicinales han estado aquí desde nuestra aparición en la tierra para ayudarnos en diversos planos. No las ignoremos por más tiempo.

 

Y ahora ¡cuéntame!

 

El verano es un buen momento para adentrarse en este fabuloso mundo y todavía queda mucha estación por delante, ¡aprovéchalo!

¿Sabes usar las plantas medicinales?

¿Cuántas conoces?

¿Sabes dónde y cuándo cosecharlas?

¿Y cómo utilizarlas?

¡Te espero en los comentarios!

Un abrazo,

KIKI Firma

 

 

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Soy Kiki Nárdiz, coautora del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía vital a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y cómo solucionarlos”.

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