Si alguien me preguntara, a qué huele el verano, probablemente le respondería que a flores de saúco.

Desde hace ya un par de semanas se pueden cosechar las bellísimas y medicinales flores de saúco.

Su inconfundible aroma dulzón y avainillado anuncia la inminente llegada del verano.

Como no quiero que dejes pasar otra temporada sin sacarles partido, hoy te voy a dar un par de recetas para que puedas elaborar deliciosos preparados.

Siempre me ha gustado la etimología y aprender sobre el origen de ciertas palabras. En el mundo de las plantas se encuentran muchas curiosidades que suelen hacer referencia a las diferentes características de las plantas.

El nombre en latín del saúco es Sambucus nigra:

– Sambucus viene de la palabra griega sambuke que significa “flauta”. De hecho, las ramas de esta planta se utilizaban antiguamente para hacer flautas por ser su médula blanda y hueca. Los romanos fabricaban, por su parte, un instrumento parecido a un arpa y lo llamaban sambuco.

– Nigra viene de “negro” en latín, ya que sus bayas son prácticamente de este color.

Los ingleses lo denominan elder del vocablo “aeld” que significa “atizar”, en alusión a que sus ramas servían antiguamente para avivar el fuego en las casas. 

En Italia se le llama arrayán o mirto, del árabe ar-Rayhan o rihan, que significa “aromático”. 

El saúco es un arbusto del que ya se encontraron restos en el neolítico y que ha sido sagrado para muchas culturas. También lo conocían los incas, que lo llamaban “planta para olvidar” a raíz de una leyenda popular.

Según la tradición cristiana, este fue el árbol del que se ahorcó Judas y de cuya madera estaba hecha la cruz de Jesucristo, por ello se le ha relacionado con la pena y la muerte, llegándose incluso a considerar como árbol maldito.

En la España medieval llamaban a sus bayas “uvas de bruja” por su olor fuerte y penetrante y hasta Shakespeare llegó a llamarlo “apestoso saúco”.

No sé si mi sentido del olfato andará un poco atrofiado pero a mí me encanta su aroma. 

Los detalles botánicos te los ahorro pero, si te interesan, puedes encontrar más información aquí.

Y, ahora, vamos al grano.

El saúco, que se viene utilizando desde la Antigüedad por sus propiedades medicinales, es una planta que no tiene desperdicio. Tradicionalmente, se utilizaban también las semillas, las hojas y la corteza por vía interna pero, al contener un cierto porcentaje de alcaloides, su uso puede resultar tóxico si no se tienen los conocimientos adecuados.

Por ello, en la actualidad se recomienda emplear solo sus flores y las bayas maduras (las verdes son tóxicas), tanto a nivel medicinal como cosmético culinario.

En la entrada de hoy te voy a hablar de sus flores, que es lo que toca cosechar.

 

Flores de saúco

Además de bonitas y delicadas, son uno de los mejores sudoríficos naturales que existen, remedio pectoral por excelencia e indicado, por lo tanto, en casos de gripe resfriados.

La preparación clásica es la infusión (1 cucharada de flores por taza de agua caliente a 90°C) que sirve, además, para hacer gargarismos en caso de dolor de garganta o faringitis y como colirio para tratar las afecciones oculares.

Tomada fría, la infusión es diurética.

La infusión de flores de saúco es, a nivel cosmético, un valioso tónico que deja la piel limpia y trata acné y eccemas.

Puedes, incluso, prepararla metiendo un ramillete de flores directamente en el agua caliente y dejarlo reposar unos minutos.

Otro truco cosmético que me gusta mucho es echarme el polen en la cara recién lavada. Deja la piel muy suave. No dejes de probarlo.

La culinaria es la faceta menos conocida del saúco, así que vamos a la cocina para que practiques un poquito.

 

Sirope de saúco

  • Llenar un bote de cristal con flores de saúco frescas y sin lavar para no desperdiciar el preciado polen (mira que no haya algún bichito o rama seca por ahí) y 1 limón ecológico cortado en rodajas.
  • Dejarlo macerar durante 24 h en un sitio cálido como el poyete de la ventana.
  • Poner el líquido obtenido en un cazo. Si el líquido que obtienes es 1 litro, añadir la mitad de azúcar de caña o miel no refinada, 500 gr en este caso.
  • Cuando el azúcar se haya deshecho por completo, añadir el zumo de 1 limón.
  • Verter todo en un bote de cristal hasta arriba y cerrar.

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Champán de saúco

  • Servir un chorrito de sirope en una copa y rellenarla con champán, cava o vino espumoso.

¡Me encantaaaaaa!

 

Refresco de saúco para niños (y no tan niños)

  • Misma operación que arriba, pero en vez de con bebidas alcohólicas, rellenar los vasos con agua con gas (o sin gas) bien fría o con un par de hielos.

 

Vinagre de saúco

  • Dejar macerar un buen puñado de flores en un bote limpio (de los de mermelada, por ejemplo) lleno de vinagre de manzana.
  • Filtrarlo al cabo de una semana y embotellar. ¡Te sorprenderá el sabor que le aporta a las ensaladas!

 

Leche de saúco

  • Dejar macerar un buen puñado de flores en 1 litro de leche de almendra (o cualquier otra leche vegetal que te guste).
  • Filtrarla al cabo de 24 h. Añadir un poquito de stevia o miel no refinada si te gusta dulce y ya la tienes lista para degustar bien fresquita.

Ahora es tu turno.

¿Conoces el saúco? ¿Has cosechado ya sus flores? ¿Alguna receta que compartir?

Un abrazo,

kiki firma

 

 

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Soy Kiki Nárdiz, coautora del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía vital a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y cómo solucionarlos”.

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