Mientras escribo este texto observo el jardín helado y el termómetro marca -3°.

Como el frío sigue apretando por esta parte del mundo, he decidido escribir sobre un alimento olvidado, pero secreto de juventud, belleza y salud y fuente de incontables nutrientes para afrontar los días de invierno.

Recuerdo como si fuera ayer el aroma que inundaba la casa de mi abuela cuando regresábamos después de algún paseo invernal.

Tampoco puedo olvidar como cada cucharada de aquel alimento te calentaba el alma y era capaz de reconfortar el espíritu más decaído.

Aunque cada vez menos, todavía quedan algunos bares de montaña en los que tienes la posibilidad de volver a la vida tras una caminata con un buen tazón de caldo entre las manos. La sola imagen de ese momento te daba la fuerza necesaria para completar los últimos kilómetros de la ruta con reforzado ánimo.

Hoy, la industria nos ofrece sopas de plástico o cubitos de caldo a base de glutamato monosódico porque a ver qué loco tiene tiempo de preparar un auténtico caldo de huesos entre la prisa y el corre-corre diario.

Pero no caigas en la trampa. Vale mucho la pena recuperar este saber ancestral y darte el lujazo de volver a preparar y degustar un delicioso caldo de huesos.

Yo a veces me lo tomo hasta para desayunar 😊

 

¿Qué tiene de excepcional? Beneficios del caldo de huesos

 

El caldo de huesos es un alimento medicinal tradicional de elevado valor nutritivo que se ha venido preparando en la mayoría de sociedades del mundo desde tiempo inmemorial.

Pero además es un antiguo remedio que nos aporta importantes beneficios:

  • Embellece la piel al mejorar su elasticidad.
  • Revitaliza el cabello, las uñas y los dientes gracias al colágeno fácilmente asimilable que contiene.
  • Cuida la salud de los huesos, las articulaciones, el cartílago y todos los tejidos conectivos que protegen los órganos.
  • Mejora la calidad del sueño.

El caldo de huesos es excepcionalmente rico en minerales (calcio, magnesio, silicio, azufre y fósforo), aminoácidos (glicina, arginina, glutamina) y colágeno.

El colágeno o proteína de la juventud, es la más común en nuestro cuerpo. Nutre la piel, lo que le permite mantener su elasticidad. Lo que causa las arrugas es precisamente la pérdida de colágeno cuya producción disminuye con la edad.

Por el mismo motivo fortalece y protege cabello, uñas y huesos y articulaciones.

Ayuda a mantener una buena digestión al proteger la mucosa intestinal gracias a su contenido en glicina, un aminoácido que permite la síntesis del colágeno. Esta, además, ayuda a combatir el estrés y promueve el sueño de manera natural.

Es un aminoácido necesario para un buen metabolismo y las investigaciones recientes demuestran que su consumo permite luchar rápidamente contra la osteoartritis y el dolor articular relacionado con la edad.

 

Cómo hacer un caldo de huesos

 

Todos estos prodigios que buscamos en pastillas mágicas son de fácil y económico acceso gracias al caldo de huesos.

El secreto de un buen caldo de huesos, según las abuelas más experimentadas, está en la cocina:

  • Debe hacerse a fuego lento
  • A baja temperatura
  • Durante un tiempo prolongado, que puede durar de algunas horas a varios días, dependiendo del tipo de hueso.

Y todo esto ¿para qué?

Para que se liberen todos los nutrientes mediante dicho proceso de cocción.

Todos los tipos de huesos son adecuados para hacer caldo: de pollo, la médula ósea de carne de vaca o de ternera, patas de jamón, etc., pero procura que sean de carne de calidad.

Te confieso que yo no tengo el caldo horas y horas en la lumbre. Suelo utilizar huesos de pollo, ya que requieren menos tiempo de cocción y encontrar pollos ecológicos me resulta bastante más fácil.

Me organizo para hacerlo un día que no tenga pensado salir mucho porque hay que vigilar el nivel del agua. Lo puedo tener unas tres o cuatro horas, pero hay gente que lo deja toda la noche.

Busca la manera que mejor se adapte a tu ritmo de vida, pero no dejes de hacerlo. Es un regalo para tu salud.

Y ya que te pones haz mucha cantidad y así puedes congelar una parte.

 

Método de preparación

 

Dicho todo esto necesitarás:

  • Huesos (Si haces caldo de pollo, una carcasa, dos alas y dos patas o huesos de otro animal, te valdrán los huesos de las patas y la médula, por ejemplo).
  • 1 cebolla grande troceada
  • 2 puerros troceados
  • 1 zanahoria grande troceada
  • 2 cucharadas de vinagre (o zumo de limón o vino blanco o de Jerez)
  • Sal marina y especias al gusto
  • 1 ramita de hierbabuena (opcional)
  • 2,5 l de agua

 

Preparación

 

Enjuaga los huesos en agua fría y después sumérgelos en una olla de cocción lenta con 2,5 litros de agua fría. Yo utilizo una olla grande tipo Baumstal.

Agrega 2 cucharadas de vinagre. Este es un paso muy importante ya que el ácido permitirá que se liberen los nutrientes contenidos en el hueso. En vez de vinagre puedes emplear vino blanco, de Jerez (el alcohol se evapora durante la cocción) o zumo de limón. Elige el que más te guste.

Luego completa con verduras de temporada al gusto, preferiblemente ecológicas (cebolla, puerro, zanahoria, nabo, apio…)  y tus especias preferidas (sal, pimienta, laurel, clavo de olor, canela, etc.).

Mi abuela le echaba también una ramita de hierbabuena fresca al final de la cocción, sabor que personalmente me encanta.

Pon a calentar a fuego lento con la tapa, sin que llegue a hervir. Una cocción enérgica destruiría los preciados nutrientes.

Una vez cocinado filtrar con un colador fino o malla.

Déjalo enfriar. Al cabo de unas horas la grasa se habrá solidificado.

Si el caldo es de pollo de buena calidad la grasa obtenida es beneficiosa y en gran parte monoinsaturada, como el aceite de oliva. Puedes separarla y emplearla para cocinar otros platos como un puré de patatas o de boniatos o un risotto, remplazando el aceite de oliva o mantequilla por dicha grasa.

 

Conservación

 

Se conserva en la nevera unos cinco días.

También puedes congelarlo.

 

¿Podemos reemplazarlo por cubitos de caldo?

 

Es muy tentador, lo sé, de hecho, yo también los utilizo a veces, pero los caldos industriales no aportan ninguno de los nutrientes presentes de forma natural en un caldo tradicional real.

La mayoría son un simple cóctel aromático de azúcar, sal, potenciadores del gusto, colorantes y aceite y de dudosa inocuidad para nuestra salud.

Que quieres seguir usando cubitos, ¡adelante! Pero no esperes encontrar ninguno de estos beneficios ni propiedades en ellos.

 

Y ahora, ¡es tu turno!

 

Confío en que esta receta te ayude a pasar los días de invierno que nos quedan con el espíritu algo más reconfortado.

Ahora me gustaría mucho que compartieras tu experiencia.

¿Has preparado alguna vez un caldo de huesos?

¿Tienes alguna receta o ingrediente mágico que quieras compartir?

¡Cuéntanos!

Un fuerte abrazo,

kiki firma

 

 

 

 

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Soy Kiki Nárdiz, coautora del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía vital a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y cómo solucionarlos”.

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